Uno de los encantos de Vitoria es pasear por el casco histórico, no todas las ciudades conservan el trazado medieval. En el caso vitoriano, incluso podemos llegar a apreciar la particular forma de almendra, aquella que hace 800 años se formó cuando Sancho VI “El Sabio” construyó la villa.
El casco histórico se asienta sobre una colonia, por este motivo tiene su fisonomía particular ligeramente elevada. Una de sus características son las callejuelas típicas medievales, muchas de ellas acogían oficios artesanos como la Herrería, la Cuchillería o la Zapatería. Muchas de las actuales calles siguen teniendo el nombre de los trabajos de antaño.
Al pasear por esta zona lo ideal es dejarse maravillar con la arquitectura, como por ejemplo, la Catedral de Santa María o Catedral Vieja, el Portalón (una posada medieval de ladrillos) y la Torre de los Anda. Continuando con el recorrido también podremos apreciar muchos palacios renacentistas como el de Escoriaza-Esquivel y el de Montehermoso. Por supuesto, habrá un punto en el que te cruces con parte de los lindes de la muralla. Todo un viaje al pasado más bello.
Pero, si eres una persona más bohemia, te recomendamos buscar los murales del Casco Viejo con homenajes a personas mayores y la vida del barrio en sí. Son muy destacados la trilogía Eskuz esku (entre el 86 de la calle Herrería y el 79 de la calle Zapatería). También puedes adentrarte en el fascinante mundo de los pintxos o potes por sus callejuelas ¡Tú eliges!