No hay historia más conocida en Teruel que la de los amantes.
Cuenta la leyenda que dos jóvenes, Isabel y Juan, se enamoraron perdidamente. Ella era hija de un hombre rico y él no tenía riquezas, intentó pedir la mano a la muchacha pero el padre se negó. Juan juró lealtad como soldado para las tropas cristianas con la promesa de convertirse en un hombre de fortuna en la lucha contra los musulmanes. Cinco años duraría la espera por casarse con su amada. Sin embargo, a la vuelta encontró a Isabel casada con otro hombre.
El resto del relato… es historia, tendrás que descubrirlo. No queremos “spoilers” ¿no?
Lo que está claro es que la popularidad de los Amantes de Teruel ha traspasado las barreras del tiempo y ha conseguido llegar hasta nuestros días. De hecho, hubo un momento de vital relevancia para que los amantes fueran visitados por tantos turistas.
En 1555 fueron descubiertas unas momias en la capilla de la Iglesia de San Pedro y decidieron exhibirlas hasta su entierro por orden del obispo de Teruel, Don Andrés Santos, en la nueva capilla de San Cosme y Damián en 1578. Desde aquel momento los cuerpos fueron exhibidos y vueltos a enterrar en demasiadas ocasiones.
Hasta que en 1955 el diario “Lucha” de Teruel decidió poner fin a estás idas y venidas de las momias y construirles un lugar digno donde descansar y dar a conocer su historia. No llegaron a conseguir todo lo que se propusieron pero sí la atención del escultor Juan de Ávalos, quien se prestó a realizarles un mausoleo.
Actualmente puedes visitar a los Amantes de Teruel en su mausoleo dentro del edificio diseñado por el arquitecto Alejandro Cañada (2005). Es muy interesante conocer está mítica historia a través de las distintas salas y terminar visitando sus estatuas en alabastro, eternas.