El Acueducto de los Arcos o Traída de las Aguas nació con un objetivo claro, solucionar la necesidad de mejorar el suministro de agua para la ciudad de Teruel. Hasta que no se planteó está construcción los turolenses dependían de los aljibes de la Plaza Carlos Castel construidos en el siglo XIV.
Las obras de la Traída comenzaron en 1537, traían el agua de la Peña del Macho (una fuente entre Teruel y Valdecebro), tuvieron que abandonar está idea porque el coste era demasiado elevado. Las obras fueron retomadas en el 1551 por mandato del Concejo de Teruel, el ingeniero encargado fue Quinto Pierres Vedel. La construcción se alargó bastante en el tiempo pero finalmente se consiguió finalizar el proyecto, salvando el desnivel entre la parte medieval y la parte moderna. La parte superior está compuesta por seis arcos mientras que la inferior por dos. Al traer el agua también hizo falta la construcción de diversas fuentes para poder distribuir y canalizar el agua por el interior de la ciudad.
La obra es una demostración de las dificultades en las que se vio inmersas Teruel para poder tener la canalización del agua. Supuso un cambio radical del trazado clásico, aún podemos ver partes de los tramos de conducción originales en el entorno.
Hoy en día también es un viaducto porque los pilares del segundo cuerpo están abiertos al tráfico peatonal, así se facilita el tránsito entre el barranco y la ciudad del arrabal. Es considerada una de las obras de ingeniería más relevantes del Renacimiento Español.