La Plaza Peregrina es uno de los puntos de encuentro más conocidos de Pontevedra.
Se ubica en el centro de la ciudad, justo en el casco histórico, su nombre hace mención a la iglesia que preside el entorno, la Iglesia de la Virgen Peregrina.
Los orígenes de la plaza son, cuanto menos, interesantes.
A finales del XVIII surge como una explanada periférica situada fuera de la parte amurallada, junto al camino portugués de Santiago, justo en el punto donde se cruzaba la muralla con la torre de Trabancas. En esos terrenos se tomó la decisión de levantar una capilla provisional de madera con la imagen de la Virgen Peregrina. Dos años más tarde, se mejoró con piedra de una cantera cercana. Las obras del templo continuaron en el tiempo hasta añadir las campanas, la puerta principal, las vidrieras y el atrio. Finalmente, en 1794 se bendijo la iglesia y se procedió a su inauguración.
Actualmente, la plaza se distingue por ser peatonal e irregular, en ella confluyen las calles Michelena, Oliva, Peregrina, Benito Corbal, Antonio Odriozola y la pequeña calle González Zúñiga detrás de la iglesia de la Peregrina. Además de la iglesia, también encontrarás la antigua Casa de la Cofradía de la Virgen Peregrina o Casa Portela (1854) con su decoración modernista propia del Art Noveau.
Como curiosidad, en el cruce con la calle Michelena, hay una estatua dedicada al loro Ravachol. La historia cuenta que este loro, propiedad del boticario, era muy querido por los transeúntes. Cuando falleció en 1913 (un lunes de Carnaval) decidieron rendirle homenaje organizando un cortejo fúnebre por la ciudad hasta su entierro en una finca del boticario, a las afueras. Desde aquel momento, cada año, se honra al loro y se celebra su velatorio y entierro.
Literalmente, puedes encontrarte cualquier cosa en esta plaza, desde una iglesia circular hasta el desbordante cariño por los animales cotidianos.