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La historia del Monasterio de la Cartuja parte desde el siglo XII con los almohades, quienes usaban este espacio para la fabricación de cerámicas en hornos alfareros de cocción, aprovechando la gran abundancia de arcillas de la zona.

Los cristianos de Triana continuaron con este trabajo tradicional y comenzaron la leyenda de la Virgen María en una de las cuevas cercanas, construyendo la Ermita Santa María de las Cuevas.

Fue en 1400 cuando se creó el monasterio, gracias al arzobispo Gonzalo de Mena, la construcción continuó de la mano del Mayor, Perafán de Ribera y de la familia Veraguas, descendientes de Colón. Posteriormente, la Orden de los Cartujos se instaló hasta el siglo XIX.

Curiosamente, en 1509 en sus inmediaciones fue enterrado Colón y su hijo Diego, hasta su traslado a Santo Domingo en 1536.

Durante la invasión francesa de 1810 fue saqueado y los cartujos fueron expulsados, utilizaron el recinto como cuartel del ejército enemigo y la iglesia la convirtieron en una cuadra. Al final, los cartujos fueron totalmente expulsados en 1836 junto con las desamortizaciones realizadas a la iglesia.

Fue en 1840 cuando se instaló la fábrica de loza por el comerciante inglés Carlos Pickman, levantando diez hornos con forma de botella los cuales funcionaron hasta 1982.

Actualmente, se sitúa en la Isla de la Cartuja, un barrio moderno que fue creado para la Expo 92, puedes acceder cruzando el puente de La Cartuja o entrando desde Triana.

La visita a la Cartuja supone todo un recorrido histórico y artístico desde las distintas perspectivas que ofrece, ya que no solo podrás pasear por el monasterio y descubrir su pasado conventual sino que también podrás descubrir la tradicional industria de la cerámica y una exposición de arte contemporáneo.

Es recomendable planear la visita para poder disfrutar de todo el complejo con tiempo y calma.

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