La monumental fachada de inspiración neoclásica es uno de los motivos por los que el visitante se detiene en el Teatro Romea o quizás porque viene a disfrutar de alguna obra ¡claro!
Su inauguración se vio engalanada por la Reina Isabel II en 1862, aquel día la obra escogida para marcar el gran comienzo fue “El hombre del mundo” por Ventura de la Vega e interpretada por Julián Romea, un artista nacional reconocido en la época.
A pesar de comenzar con buen pie, en 1877 y en 1899 sufrió diversos incendios que obligaron a restaurar el edificio. Por este motivo, el exterior corresponde al 1880 mientras que el interior es del 1899, toda una amalgama de estilo sin duda. Tuvo momentos gloriosos, con la presencia de Jacinto Benavente y el teatro universitario La Barraca dirigido por Federico García Lorca en 1933.
Al Teatro Romea no le falta de nada, incluso tiene una curiosa leyenda. No hay nada probado con veracidad pero cuentan que el inmueble se asienta sobre un antiguo cementerio de monjes dominicos. Uno de los frailes maldijo al teatro, asegurando que se quemaría tres veces y que la última sería cuando el aforo estuviera completo… ¡De momento ya son dos las ocasiones que este suceso ha ocurrido! Sea por casualidad o por presagio, los murcianos no quieren arriesgarse por tercera vez. ¿Solución? ¡Nunca llenar el aforo! Si acudes a cualquiera de sus espectáculos encontrarás que uno de los asientos siempre está ocupado por el acomodador del momento. Mejor prevenir que curar ¿No?