Es por excelencia la arteria principal de Madrid, el punto de encuentro de cualquier visitante que quiera adentrarse en la capital.
Por un lado, tenemos la Puerta del Sol, en el siglo XV situaba los limites orientales de la ciudad. Hoy en día es un lugar de referencia para los visitantes, ya que en ella podrás encontrar el kilómetro 0, la estatua del oso y el madroño y la estatua ecuestre de Carlos III. Si vienes el 31 de diciembre podrás asistir a la entrada del año nuevo, con las tradicionales 12 uvas, una por cada campanada dada por el reloj.
Por otro lado, tenemos Gran Vía (1910) recogiendo una de las imágenes más características y reconocidas de Madrid. Su recorrido ha sabido adaptarse con el paso del tiempo, prueba de ello son todos los establecimientos que han ido adueñándose de la zona. Desde las tiendas más cotidianas hasta las más selectas, pasando por edificios y elementos tan emblemáticos como la Metrópolis y el Carrión, el Edificio de Telefónica o el Real Oratorio del Caballero de Gracia.
Al ser una zona tan turística podrás encontrar una infinidad de posibilidades, tanto de comercio como de ocio.
Muy cerca, en la Plaza Mayor, podrás disfrutar de un clásico en la gastronomía madrileña, el bocadillo de calamares, pero ¿Por qué es típico el bocadillo de calamares en Madrid si no tiene salida al mar? Teorías hay miles, desde una sustitución de la carne en la cuaresma, hasta un símbolo obrero de la inmigración del norte y sur de España. Lo que nos queda claro es que la receta es tan sencilla como un pan relleno de calamares fritos acompañado con una cerveza bien fresquita.
Y para lo más golosos, terminar con alguna cosilla dulce, ya sea con una taza de chocolate caliente y unos deliciosos churros (una masa frita en forma de lazo), unos tradicionales “bartolillos” (es un postre típico de semana santa, se trata de una masa fina con crema pastelera, azúcar y canela) o unos caramelos de violeta que podemos llevar a nuestros familiares y amigos.