Durante tu paseo por León comprobarás como sus monumentos hablan por sí mismos.
El Palacio de los Guzmanes es de los emplazamientos señoriales más notables de la ciudad, su historia está relacionada con la transformación del territorio de reino a ciudad durante la época de la ruta jacobea.
Los Guzmanes eran una familia influyente de la nobleza leonesa, Juan de Quiñones y Guzmán (obispo de Calahorra) encargó al maestro Rodrigo Gil de Hontañón la construcción de este palacio en el siglo XVI. Desde sus inicios no fue una construcción sencilla, el emplazamiento que ocupa el inmueble era el antiguo edificio gótico mudéjar propiedad de la familia. Sin embargo, este espacio no fue suficiente para la magnitud del proyecto, así que decidieron derribar la construcción y ocupar parte de la antigua muralla. No quedaron satisfechos así que continuaron creando espacio y cambiaron parte del trazado de las calles adyacentes e incluso se hicieron con algunas casas colindantes. Como puedes suponer, no fueron unos vecinos muy queridos.
En cuanto a la arquitectura, el Palacio de los Guzmanes se conforma sobre una gran planta con un patio interior y cuatro torres, es un bello ejemplo del estilo renacentista. Lo más destacable es la fachada, con una puerta imponente flanqueada con columnas jónicas y coronadas por dos estatuas con unos soldados anunciando el escudo familiar de los Guzmanes. Las plantas están divididas con ventanas balconadas rematadas y un balcón señorial en el centro. Lo más bonito del último piso es la galería de arcos acristalados separados por pilastras corintias. Su interior tampoco le desmerece, recomendamos realizar una visita, a ser posible, guiada. De esta manera comprenderás mejor la importancia de esta familia dentro de la ciudad de León.